Archivo de la categoría: Mi Viaje a Cuba- Chabela Ximenez-

El caso Carromero o el sueño de una Cuba libre.

Por: Chabela Jiménez

El caso Carromero me ha hecho recordar muy vivamente los días que viví en Cuba.

Aunque no era el motivo de mi visita, pude entrar en contacto con personas relacionadas con la disidencia y tuve muy presente su realidad,  una vida en constante vigilancia y con la inseguridad metida en el  cuerpo.

Un extranjero no entra en contacto con los disidentes como ampliación de su paquete turístico. Lo hace por amistad con alguno de sus familiares del exterior, por consanguinidad familiar a través de algún matrimonio en el exterior, o por convencimiento político, apoyado, si no enviado, por alguna rama interesada de su partido.

No es de extrañar que esto ocurra si tenemos en cuenta que otros partidos, de igual forma, han dedicado esfuerzos y partidas presupuestarias a visitas a la isla para apretar lazos, con el romántico recuerdo revolucionario que se empeñan en defender vestigios de ideología inexistente, obviando la falta delibertad y la represión que se sufre en Cuba desde hace más de medio siglo.

Gentes de letras y música, actores y políticos pseudo-bohemios de cuentas bancarias abultadas, han viajado y sucumbido ante el ambiente de lucha desigual contra el imperialismo, desde la comodidad de su hotel de cinco estrellas, con la pulserita todo-incluido en sus muñecas. A alguno, se cuenta, lo grabaron, chantajearon y extorsionaron con cámara en hotel y posición comprometida incluida en la pulserita. Pero eso, claro está, son comentarios que circulan, verdades a medias o mentiras, que nadie tiene intención de confirmar.

El caso es que sí es verdad que el contacto con gentes de la disidencia en la isla no está exento de vigilancia. Aunque nunca tuve retentiva con los nombres y carezco de capacidad fisonomista, pude reconocer a un mismo individuo en tres lugares diferentes de la isla durante mi visita: Una en La Habana, otra en Camagüey y  la última en Santiago, donde directamente lo señalé y comenté con mis acompañantes: “Ése es el hombre que os digo que me encuentro en todos lados”.

De vuelta a La Habana, la prisa se apoderó de mí. Tenía angustia por salir de la isla y los dos días obligada a permanecer allí por el paso del huracán Katrina, fueron los más largos de mi vida.

Me fijé en la diferente disposición del interior de mi equipaje en el hotel y comencé a temer y a imaginar posibles alteraciones del contenido. Tenía presente cada historia, cada testimonio que había leído sobre extranjeros detenidos y olvidados en la vorágine de la caducidad de la noticia. Sentía una urgencia casi  física por abandonar la isla.

No puedo definir si era miedo, inseguridad o sentimiento de indefensión ante lo desconocido y allí, claramente, lo desconocido eran mis derechos.

Entiendo y vivo de forma personal el caso de este joven madrileño que, apoyado o no por su partido, ha viajado cargado con la necesidad contribuir de alguna forma a la libertad de un pueblo. Seguramente estará preguntándose dónde están los que tanto lo alentaron en su viaje, dónde los que le facilitaron direcciones y nombres, dónde los que lo vitorearon por su buena acción.

Espero sinceramente que el gobierno no ceda ante el juego que los Castro intentan hacer a su costa, que no se preste a la farsa de  ofrecerlo como oblación a los dioses carcomidos que lo retienen, no lo abandonen a su suerte, con la defensa obligatoria de un abogado cubano y sin garantías de justicia real.

Pensemos que aunque es cierto que existen muchos intereses económicos en la isla, si en este país se asimila que Cuba no es un destino turístico seguro para viajar, otros tendrán mucho más que perder que los españoles y que hay muchos países en plena expansión que están deseando inversiones que ayuden a levantarlos, sin la presión y el miedo a ser expropiados.

La advertencia que el gobierno cubano lanza al mundo libre no es difícil de entender. Tampoco lo es la que envía a la disidencia cubana o al pueblo en general. Nos alientan a dejarlos solos en su lucha, a no inmiscuirnos, a alejarnos y seguramente esperarán que después podamos seguir durmiendo tan tranquilos.

Pero yo me pregunto ¿Y si realmente pudiéramos hacerlo? ¿Y si no volviera a salir un avión de turistas españoles hacia la isla, ni una remesa, ni un envío? ¿A quién    estaríamos dando la espalda a las necesidades de un pueblo que todavía sentimos como parte nuestra, o a los intereses económicos y de poder de sus gobernantes?

          Detención de disidentes en el funeral de Oswaldo Paya (Euronews)En las chanelas de Chabela

Publicado por Maggie para Cjaronu

Mi viaje a Cuba IV.- Camagüey- Ciego de Ávila (Morón) – El Cobre

Mi viaje a Cuba tuvo como eje fundamental la visita a los familiares de mis amigos que ya no viven en la isla.

Por: Chabela Ximenez

Es complejo escribir sobre el desarraigo familiar que se respira en el país. Exteriormente se nota quien tiene a alguien fuera por la forma de vestir. Te encuentras con la última moda de Adidas o Nike América mientras paseas por las calles. Camisetas, piratas, zapatillas deportivas, todo lo que aquí en España vale un pastón allí lo llevan combinado con ropa de hace cinco temporadas con la mayor naturalidad. También llama la atención la cantidad de oro que prende de los cuellos de las gentes más modestas. ¿No tendrá el mismo precio que aquí, o es que tienen todavía algún tesoro escondido con el que no dimos los españoles cuando fuimos a colonizar?

El caso es que Cuba es por sobretodo un lugar de contrastes.

Me llama poderosamente la atención el dominio lingüístico que tiene el cubano medio. Un vocabulario extenso y culto, con palabras que no se usan en España en el lenguaje coloquial. Un lava-coches cualquiera de una gasolinera me sorprendía con vocablos que oigo sólo en congresos o en discursos de profesionales de algún escogido sector universitario. Pero qué ingenua puedo llegar a ser, olvidaba que en Cuba todos son universitarios. Aunque sinceramente no entiendo qué forma de martirio es esa de abrir la mente con la enseñanza para que sean conscientes de la manera que tienen de reprimirlos.

Pero volviendo al tema que iniciaba, las visitas familiares, tengo que decir que nadie como un cubano para hacerle sentir a una que está en su propia casa. Son los seres más cariñosos y atentos que he tratado. Ni que decir tiene que todo en sus vidas gira en torno a la persona o personas que tienen fuera. Sus fotografías ocupan un lugar privilegiado en sus paredes, sus anécdotas un sitio primordial en sus conversaciones y sus recuerdos la parte fundamental de su existencia. No sé aún hoy si les compensa esas pequeñas comodidades que les supone las donaciones mensuales que les giran con el terrible vacío que nadie llena en sus hogares, lo que sí sé es que cualquier noticia que les llegue de sus seres queridos, es acogida con tal fiesta e ilusión que una teme en todo momento no poder estar a la altura.

Nuestra llegada hizo que toda la familia se reuniera y se vistiera de domingo. Se cuidaron mucho de no confesar ni una pena durante nuestra visita, todo lo que debíamos transmitirle a sus familiares era felicidad y serenidad. Ni un gesto de disgusto, ni una mala cara, nada más que alegría y agradecimiento por nuestra presencia fue lo que percibimos.Todo el mundo dejó lo que estaba haciendo o lo que tuviera previsto por hacer para atendernos

.

Aunque eran casas, dentro de la precariedad, de la más favorecidas, le partía a una el alma ver la sorpresa en las caras de los niños cuando veían la foto recién tomada de la cámara digital o cuando escuchaban los tonos de los móviles y se lanzaban corriendo a enseñárselo a los mayores, que no la escuchaban con menos sorpresa. Algo tan insignificante como las toallitas húmedas de desmaquillarse formó una auténtica revolución entre las mujeres de la casa. No podré olvidar mientras viva la expresión de una señora mayor cuando comprobó que se mantenían mojadas y olían a perfume. Durante el resto de mi viaje me quité el maquillaje con agua y jabón, quería permanecer en su memoria como la española que le regaló los pañuelos perfumados.

Como una nunca sabe cuándo la visitará el ángel de la muerte, o cuándo sobrarán los cuartos para volver a coger la maleta, no quise venirme de la isla sin ver Santiago de Cuba. Salimos cómo ya era la costumbre, bastante temprano y seguimos carreteras ya no tan rectas, como siempre sin señalizar y cada vez con menos asfalto. ´

Una parada obligada El Cobre, creo que teníamos la secreta intención de comprobar con nuestros propios ojos si realmente el gobierno cubano había sido capaz de dejar al pueblo sin Dios, o si era Dios el que había desviado la vista del pueblo cubano. Nada más lejos de la realidad. El Cobre me recordó a cualquier pueblito de romerías de España. Decenas de puestecillos vendían reliquias, imágenes de madera bellísimas y muy bien trabajadas, piedras brillantes y algo que me llamó la atención, flores para las ofrendas.

La venta era demasiado agresiva. Los tenderos te perseguían hasta los restaurantes y pedían precios desorbitados por cualquier recuerdo, como si fuera su última oportunidad de hacer una venta en su vida. Con la promesa de comprarles algo a la vuelta, nos dejaron proseguir nuestro camino y subir por fin a ver a la Virgen.

Me sorprendió lo pequeñito de las tallas. Viniendo de una región en la que las representaciones religiosas se hacen a tamaño natural y de una ciudad donde cada Semana Santa, sacamos a la calle cinco metros de plataformas con escenas de la Pasión de Cristo, ver aquellas pequeñas figuras me dejó muy claro que los primero pobladores españoles de Cuba desde luego no eran de Sur.

Había poca gente quizás por ser un día laborable. En Cuba todo el mundo trabaja y si no trabaja estudia y si no estudia o trabaja va a la cárcel por vago, porque existe una ley a tal efecto y porque, claro está, si no haces nada te queda tiempo para confabular contra el gobierno o simplemente para pensar por ti mismo. También en España en tiempos de Franco había una ley de vagos y maleantes para confabuladores, rojos y homosexuales. Se diferencian en poco las dictaduras del mundo.

Bajamos tras rendirle culto a La Caridad del Cobre y nos dispusimos a cumplir la promesa dada a los que atendían los puestecillos. Regateamos, los vimos discutir unos con otros por vendernos y al final nos fuimos cargados de tallitas de madera para toda la familia. Todo de lo más natural.

Continuamos camino por el incomparable paisaje verde-sierra hacia oriente. Yo me deleitaba con aquellas vistas de pronto escarpadas de pronto llanas, Cuba es un país con tantos contrastes en todos los sentidos, que puede hacerte sentir cualquier cosa, menos indiferencia.

…. Continúa……

Mi viaje a Cuba III.- La olla arrocera y el Caribe.

Mi viaje a Cuba, Tercera Parte

Por Chabela Ximenez

http://chabelaconbdeisabel.blogspot.com/

Llegamos a nuestro primer destino al anochecer. Una primera mirada a la ciudad me descubre un bullir efervescente de gentes en las calles, haciendo nada en particular, viviendo en una constante búsqueda de algo inconcreto.

En una calle cualquiera se amontona un grupo de personas en torno a una carretilla de comida y unas luces como de fiesta. Pregunto, porque eso va con mi carácter, y espero que me digan a qué se debe esa algarabía con música y todo. “Es la cola para la olla arrocera” me responden. Y creo que aún no se me ha cerrado la boca del asombro. Por fin Fidel ha dado la olla arrocera a la ciudad y hay que hacer cola para obtenerla, ya la tienen en casi toda Cuba. Mira, pienso, este gobierno que regala electrodomésticos a la población tampoco es que no mire por el pueblo. Pero vuelvo a equivocarme.

Lo que el gobierno regala es la opción de compra, luego, el cubano tiene que pagar ciento veintitantos pesos si le toca poder comprarla. Estoy alucinando.Más alucino en cambio cuando conozco “en persona” a la olla arrocera cubana. Es una especie de freidora eléctrica en la que, según dicen, se pone el arroz, el agua y la sal y ella sola se apaga cuando el arroz está cocinado. No entiendo a qué tanta fiesta por un aparato eléctrico cuando es raro el día que no se tienen tres o cuatro cortes de luz o apagones, como ellos dicen. Prefiero callarme, la gente está demasiado ilusionada como para que yo abra mi enorme boca.

 Me concentro en la casa que nos alquilan, es preciosa. Tiene un patio interior y unas habitaciones amplias, cómodas y limpias. La dueña tiene dos hijos en el extranjero. Es agradable aunque habla poco y nos pide toda una serie de datos para su libro de registro. Nos aseamos y salimos a cenar. Visitamos uno de los famosos paladares del país. Es una casa muy bien decorada con dos o tres salones de espera. Tardamos un buen rato en que nos toque comer. El dueño nos explica que sólo se le permiten doce sillas en el comedor y que hasta que no se vacíen no puede hacer entrar a nadie más. “Esto no es fácil” es la frase que más veces he oído en Cuba. Ahora no se pueden comprar patatas. Si alguien las vende va a prisión, si alguien las compra va a prisión. No se preocupe, le digo, no vamos a pedirle tortilla española. El hombre agradece nuestra comprensión y nos atiende francamente bien. Por cierto, comimos patatas.

Un par de días más tardes visitamos la playa. Tuvimos que buscar una zona concreta donde no hubiera hoteles ya que las playas de los hoteles son sólo para turistas y nos acompañaba un cubano. Si algo teníamos claro era que donde no entrara él tampoco iban a entrar los españoles, al menos no estos españoles.

Al final dimos con una calita mixta donde había de todo.

 Me sorprendió la indumentaria de las mujeres, todas llevaban pantaloncito encima del bikini o bañador. Con lo sexy que aparecen las cubanas en los anuncios de reggaetón descubrir ese pudor me llenó de curiosidad.

Descubrí con alegría que en el bar donde almorzamos había un grupo de jóvenes pertenecientes a un movimiento cristiano. Tenía la equivocada certeza de que en Cuba no encontraría a personas religiosas cuando lo cierto es que todo el mundo lleva al cuello algún signo religioso bien una cruz, o la imagen de Cristo o una Virgen. Hay tanto que se da por hecho con respecto al pueblo cubano que realmente hoy pienso que nada de lo que he oído o leído es del todo cierto.

Me pareció curioso que no se nadara en aquella playa. Todos los bañistas estaban de pie muy quietos, sin apenas moverse. No profundizaban más que hasta la cintura y ahí permanecían agachados, hablando y nada más.

Yo tenía claro que no había llegado hasta El Caribe para quedarme agachada en la orillita, de modo que me hice algunas brazas con mi atlético estilo que tantas pesetas le costó a mi madre en clases de natación.

A las dos brazadas comencé a oír los gritos de “regrese, regrese” y noté aterrorizada que estaba a más de doscientos metros de la orilla. Volví no sin esfuerzo y ahí fue donde me enteré de que las playas donde les estaba permitido bañarse a los cubanos estaban infestadas de tiburones y fuertes corrientes que te llevaban directamente hacia ellos. Me quedé tan blanca que perdí todo el moreno tropical que había ganado en el viaje y aún tiemblo de pensar qué hubiera pasado si no los escucho llamarme.

Mientras nos bañábamos entablamos conversación con un borrachín. Tenía algún líquido transparente en una botellita de agua y nos dio un serial con respecto a los tiburones. Luego se le soltó la lengua y nos contó como las mujeres sólo querían a los hombres que tenían moto o coche y cómo, si te casabas con un extranjero podías salir y entrar con toda la libertad porque de seguro te ibas a pasar la vida llevando dinero a la familia que se quedaba.

– Te veo resentido, le digo, qué pasa, que no te ha tocado la olla arrocera?

No, no le había tocado.

Más tarde nos contó cómo pudo comprarse su nevera con la venta de una caja de cincuenta mecheros de gas que le habían traído de España. Decía que no se entendía cómo los “gallegos” que fueron los que trajeron a las negras a Cuba ahora se las estuvieran llevando poco a poco.

Nos reímos mucho con él, tenía la inocencia y la poca vergüenza del que se deja llevar por el alcohol. Supongo que al otro día rezaría para que no nos acordásemos de su cara.

…..Continúa….

Autor: Chabela Ximenez

Publicado por Maggie para Cjaronu

Mi viaje a Cuba II, por carretera.

Mi viaje a Cuba II, por carretera.

Por Chabela Ximenez

 http://chabelaconbdeisabel.blogspot.com/

Mientras viajo en el asiento posterior del coche de alquiler, paso la mirada por las gentes que esperan en la  cuneta. Me llama la atención las muchachas que se ofrecen a pie de carretera, algunas parecen no tener más edad que  mis hijas. En el avión que me llevó a La Habana viajé justo detrás de cinco hombres. Iban solos, creo que por pura lógica, porque eran feos como pegarle a  un padre: De mediana edad, tal vez cultos o con estudios universitarios por la conversación que pude ir escuchando. Vestían unas horribles camisas “tropicales” que yo no veía desde que pusieron por televisión española la serie de Corrupción en Miami. Sentía vergüenza ajena tan sólo de pensar que fueran el ejemplo del turismo sexual del que tanto se habla en relación a Cuba. También viajaban cuatro chicas solas en ese vuelo, puestos a pensar mal, también la liberación de la mujer ha podido degenerar en esos términos.    Claro que ellas no eran tan feas, aunque sí desinhibidas y escandalosas. Siempre suele salir ganando el hombre, sea cual sea el tema a tratar.

Esta foto es de www.desdelahabana.net, yo por respeto, no tomé ninguna.

Esta foto es de http://www.desdelahabana.net, yo por respeto, no tomé ninguna.

Durante las largas horas de viaje me da tiempo a observarlo todo despacio. Las palmeras parecen rasuradas a base de aterrizajes mal calculados de  avionetas. Alguien nos contó la historia de un cargo de la aviación cubana que se escapó en avioneta y luego tuvo los “cojones” de volver a por su familia también en avión. Es un héroe nacional    de los que no hay cartel promocional.
Cada cien metros un cartel tipo pancarta dice algo propagandístico o hace predicciones como: Nuestros héroes volverán o los hijos harán lo que te vean hacer. Tendrá intención de ser muy efectivo pero me doy cuenta de que los únicos que nos fijamos somos los turistas, y no todos. La gente pasa por el lado sin mirarlos, como si fuera uno más  de los árboles del paisaje. La sicología parece ser un arma de destrucción masiva en este país.
Cada aproximadamente treinta kilómetros hay una vía sin barrera y sin señal previa, tan solo un “pare” junto a las dos aspas cruzadas, ni más luces ni más señal de peligro. Eso sí, junto al “pare” (o señal de stop) un motorista que te multa con una eficacia absoluta si no te paras.
Existen también puntos de recogida, donde se acumula tal cantidad de personas que si les diera por protestar en mi ciudad serían una gran manifestación.
En los puntos de recogida tienen obligación de parar todos los vehículos con matrícula cubana para transportar a los que esperan. Los transportan, no me he equivocado de verbo, los montan de cualquier forma en el vehículo que sea y hasta que quepan, como si fueran cualquier carga, sin medidas de seguridad ni comodidad alguna. Me sentí ridícula con mi cinturón puesto en el asiento de atrás del coche de alquiler.
Dicen que las cosas ahora están mejor porque en los puntos de recogida han puesto casetillas de parada para que se  protejan del frío o del agua los que esperan, aunque allí no caben ni la mitad y los ves desparramados por todo el borde de la carretera, poniéndose en peligro mientras les llega el turno.
También han puesto a personal del gobierno para que obliguen a parar a los vehículos. Los llaman “los amarillos” porque visten un uniforme de un tono    ocre descolorido y llevan una carpetilla para apuntar.
En Cuba se apunta todo: Las pizzas que pides, las botellas de cerveza, las rutas de taxi, todos los cubanos llevan una pequeña contabilidad en sus carpetas y se llevan todo el día contando y recontando pesos.
Hay gasolineras para turistas y gasolineras para cubanos, restaurantes para turistas y dispensarios de comida para los cubanos, todo está dividido en peso cubano y divisas. Lo raro es que cosas tan básicas como el gel de baño, el champú o el papel higiénico se vendan en divisas, a precios europeos.
Un cubano tiene que llevarse medio mes sin comer para poder pagar un champú anti-caspa o un gel de baño y ducha. En su lugar existen unas pastillas de jabón blanco que parecen mantequilla y que no huelen a nada ni hacen espuma.
Debe ser muy triste para una mujer no poderse comprar una barra de labios o una crema de manos. En ninguna casa de las que visité había mujeres maquilladas. Pero sí pude comprobar la entrañable transparencia del papel higiénico, donde tenían la suerte de poderlo usar, en lugar del papel de periódico.
Me pareció del todo extraño que en un sitio donde la madera y los muebles son de una calidad extraordinaria en cualquier vivienda, sea un lujo tan exagerado el tener un paquete de clínex en el bolso. Hay cosas que en mi mente europea no tienen sentido de ser. Lo más elemental de la higiene o la primera necesidad se convierte en privilegio    para unos pocos, para esos que tienen la suerte de tener desmembrada la familia y reciben ayuda desde fuera.
                                                                             … continúa …
 Publicado por Maggie para Cjaronu
http://chabelaconbdeisabel.blogspot.com/

Seis años ya, y parece ayer: Mi viaje a Cuba, la llegada.

Andaluza, escritora, anticastrista, y gran luchadora por los derechos humanos de la Isla Cárcel de los Castro. Su blog:   con B de Isabel.  Chabela nos narra con fina ironía y paso por paso, su viaje a Cuba hace seis años.

Con autorización de la escritora para reproducirlo en Cjaronu.

Por: Chabela Ximénez

Seis años ya, y parece ayer: Mi viaje a Cuba, la llegada.

Después de tanto tiempo esperando, o también por qué no soñando, con ese encuentro con la tierra cubana hoy puedo decir que mereció la pena la espera. Mereció la pena esperar nueve horas de avión para ver con mis propios ojos lo que son tres horas de espera para pasar por la aduana, la mirada acusadora de quien mira y remira la foto de mi pasaporte y parece acusarme de estar viva, mientras intenta descubrir en mi mirada el tremendo delito de intentar pasar un aparato electrónico.

-Pero pase, es española-.

La Habana,Cuba, 2012

La Habana,Cuba, 2012

Y me entero de cómo la paisana casada en mi país tiene que pagar por la ropa de bebé que no coincide con talla del que lleva a conocer a su familia. Con doscientos euros se hubiera librado de la molestia, doscientos euros y no te abren la maleta, dice otra más asidua de las aduanas, éstos te cobran por todo. Y yo abro mucho los ojos y pienso que lo legal y lo ilegal no tienen traducción en este idioma, aunque digan que también hablan español.

Cuba

Cuba

El camino hasta el hotel es una vuelta por los centros de estudios, investigación y producción del gobierno. Oyendo hablar a la guía cualquiera diría que estamos ante una potencia europea de tecnología puntera del descubrimiento humano, miro alrededor y veo edificios que parecen hospitales abandonados o institutos de bachillerato por reformar o a punto de ser demolidos. No sé por qué no coinciden las palabras y las cosas en ese lugar del mundo.

Centros de estudios, investigación  y producción del gobierno

Centros de estudios, investigación y producción del gobierno

Y me siento engañada.

Me engañó Guillén cuando dijo que siendo un negro nadie te puede detener, a la puerta de un dancing o de un bar. En la misma entrada al hotel una pareja de ancianos negros son invitados a salir: -“Es mejó que lo deje volá hemmano” Y ellos bajan la cabeza y salen en silencio. Y se me aprietan solos los dientes y oigo una voz que me dice que me calle, que no diga nada que allí las cosas son así. Entonces mastico la mala leche española e intento comportarme como una turista alegre que va a disfrutar del paisaje y el lujo mientras me dejan muy claro cuáles son los sitios donde puedo hacerlo.

Hotel Nacional

Hotel Nacional

Y me hago la tonta cuando compruebo que no es ésa la forma en la que he dejado puestos los candados de mi maleta. Y aguanto hasta dos veces que me paren en la puerta de los ascensores para pedirme la documentación porque subo sola hasta mi cuarto. Pero Dios quiere que no haya dos sin tres y entonces estallo:

“¿ Es que todavía no os habéis quedado con mi cara? A ver, dónde está la cámara. No, no llevo la documentación del hotel, tengo el pasaporte. Si quiere la documentación del hotel suba conmigo y se la doy porque no pienso volver a bajar. ¿Es que en este país no puede entrar una mujer sola en un hotel? ¿Y éste es el país donde el hombre y la mujer son iguales? Pues esto en mi pueblo se llama machismo y me parece muy fuerte y además me estáis tocando los huevos!

Imágen del Ché asesino

Imágen del Ché asesino

Creo que entonces el hombre empieza a darse cuenta de que no soy cubana e intenta disculparse diciendo que no es machismo, que él tiene que parar a todo el que no conozca. Pretende hacerme creer que con veinte plantas de clientes él conoce a todo el que entra y sale. Me río creo que por no llorar y muevo la cabeza. Entonces suena su teléfono interno y yo sigo mi camino, esperando que no vuelva a cortarme el paso porque mis dientes no van a resistir más presión, ni mala leche.

Al día siguiente salgo sin guía ni excursión programada y me encamino hacia el centro del cocodrilo, a cumplir con los encargos y a conocer la verdadera Cuba. Ni que decir tiene mi sorpresa al conocer las autopistas cubanas, esas extensiones de carretera de triple carril sin señalizar, donde las personas se te echan sobre el coche intentando que las recojas y las vacas se te cruzan con toda impunidad, atentando contra tu vida y tu libertad, porque son quince años los que te caen de cárcel si matas a una vaca.

Cuba hermosa

Cuba hermosa

Las vacas, esas son las que viven bien en Cuba. Ellas tienen toda la libertad, pasto y verde para que se harten siete vidas que tuvieran y protegidas como si estuvieran en la mismísima India y de animales sagrados se tratara. Seguro que son las vacas las que todavía apuestan por la revolución con los ojitos de vaca cerrados.

Los que de seguro no apuestan son los cientos de cubanos que se apiñan bajo el sol esperando a que un camión oxidado los recoja y los desplace unos kilómetros. De pronto les llueve encima y ellos de pie, sujetos apenas a la chapa del trasto de hace cincuenta años y viendo caer los rayos sobre los árboles junto a la carretera. De pronto el sol parece que se funde con el escaso asfalto y ni una mísera sombra los resguarda. Ni a ellos ni a sus hijos, a veces pequeñitos y colgados a la cintura, sujetos con una mano mientras con la otra se ofrecen pesos en abanico para que, si no por obligación, se pare por negocio.

El transporte gran logro de la Revolución

El transporte gran logro de la Revolución

No, no hay otro medio de transporte. Claro que hay autobuses pero a un precio que es el triple del sueldo de un médico y para qué lo necesitan si tienen trabajo y casa en un sitio, no tienen necesidad, ni para qué moverse a otro. Sigo apretando los dientes. Este viaje a Cuba va a hacer de oro a mi dentista. ….

Continúa….