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El racismo de Alicia Alonso

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Alicia Alonso y Carlos Acosta (Archivo)
Alicia Alonso y Carlos Acosta (Archivo)

LA HABANA, Cuba.- Mientras escribo estas líneas el bailarín Carlos Acosta debe estar volando a La Habana. El artista volvió a ser noticia en la ciudad.

Primero sería la presentación, en el Gran Teatro Alicia Alonso, de la versión de “Carmen” que preparó para subir a la escena nacional, y para dar a conocer a Acosta Danza, compañía que acaba de fundar y de la que es director. Luego vendrían los rumores, sin que fueran confirmados, de que la editorial Arte y Literatura publicaría la autobiografía del bailarín y coreógrafo con el título: “Sin Mirar atrás”. Aunque medio mundo ya leyera el tomo, los cubanos esperaron, pacientemente, por su aparición.

El libro estuvo antes en el plan de publicaciones de Unión, la casa editorial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, pero jamás hizo el viaje de la redacción a la imprenta. Según se conoció por susurros, la ira y el autoritarismo de Alicia Alonso fueron la causa de tal decisión. Dicen los que ya leyeron esas páginas –yo no estoy entre ellos– que el autor cuenta de su pobre infancia, de sus estudios en la escuela cubana de ballet y de su desempeño en el Ballet Nacional de Cuba. Gran importancia cobra en la historia su condición de muchacho pobre y negro. Al parecer, aunque todos reconocieran en la compañía que se trataba de un gran bailarín, Carlos Acosta sufrió por el racismo de su directora.

Y no le tembló la mano al gran bailarín, convertido luego en escritor, a la hora relatar ciertos pasajes que probaban la predisposición que sufría Alicia cuando se ponía delante de un bailarín o bailarina con una concentración de melanina algo superior a la de ella. La compañía recién fundada por el artista ya conoce la noticia, se les comunicó que se suspendía la presentación aun cuando el libro ya saliera de la imprenta, aun cuando el bailarín estaba ya haciendo el viaje a La Habana. Los organizadores del evento también se enteraron, y por supuesto que tendrán que dar la cara, aunque nadie sepa a ciencia cierta las razones que darán para escamotear la verdad.

Lo más probable es que no se mencione a la directora del Ballet Nacional de Cuba. Nadie va a comunicar a los posibles lectores, que Alicia Alonso está ofendidísima, con el bailarín negro, negro bailarín preferiría decir ella, porque pone al descubierto su racismo. Se comentó y se comenta todavía, que algunas autoridades del Ballet Nacional de Cuba harían algunas aclaraciones previas a la salida del libro, donde demostrarían que no existe ningún ápice de racismo en el corazón de la bailarina y directora, pero al parecer no se pusieron de acuerdo y el libro no podrá salir ahora, al menos hasta que se haga el desmentido que limpie la imagen de la Alonso.

Parecía que este iba a ser un gran sábado del libro, y si los organizadores no se apuran a decir la verdad, o a rectificar la decisión que con seguridad ya fue tomada, será grandísimo sobre todo por el fiasco –de los más grandes que se conozcan en la isla–, y mucho más si está relacionado con esa Plaza de Armas. Sin dudas, acatar la solicitud de Alicia es una muestra de racismo, como muchos de aquellos ejemplos de segregación que salieron de los palacios que circundan a esa plaza; el de los Capitanes generales y el del Segundo Cabo.

Es increíble que Isabel II, Reina de Inglaterra y mayor representante de una monarquía que en otros tiempos propiciara la trata de negros, convierta al bailarín negro, y cubano, en Comendador de la Excelentísima Orden del Imperio Británico, mientras la gerontocracia de esta isla, que vio nacer al gran artista, impida que se presente un libro que él mismo escribiera.

MGuatyMarrero

Doble moral

Doble Moral

ElsaPor: Elsa M. Rodríguez

Todo el que haya leído la historia de los Estados Unidos, sabe o debe saber que en la misma hay hechos gloriosos de los cuales los nativos y los nacionalizados nos sentimos francamente orgullosos, pero como sucede con la historia de cualquier país, también existen sus manchas que opacan todas las cosas buenas que hayan sucedido.

No es un secreto que todos los países de América tuvieron, en un pasado lejano, que asumir la presencia de individuos traídos de África para que hicieran el trabajo que los blancos no podían o no querían hacer. Sin embargo, mientras que en muchos países la población negra importada del continente africano, se mezcló o se integró dignamente con el resto de la población del país en que vivían, en los Estados Unidos, eso no sucedió así, y es que desde que les trajeron de África, a los negros les utilizaron por largo tiempo como esclavos sin cambiar el criterio de la época de la colonización en la que consideraban que los negros eran como animales y nadie respetó sus derechos como seres humanos, simplemente porque no querían aceptar que eran diferentes solamente por el color de su piel.

El abuso contra la población de origen africano en Estados Unidos continuó por mucho tiempo y fue solamente después de los años 60 del Siglo XX que se emitieron leyes para protegerles y permitir que se integrasen con el resto de la población. Aun así en el presente, el racismo sigue latente en el país, y aunque afortunadamente hay una gran mayoría que entiende que todos somos seres humanos, no todos piensan igual.

Ahora cuando vemos que los mismos que en el pasado perseguían a los negros y simplemente por el color de su piel les condenaban, no podemos comprender que hoy quieran remediar su estúpida y racista actitud del pasado, queriendo llevar contra la soga a cualquier blanco que haya tenido un problema con un negro.

Si fue malo el racismo anterior, le método actual no es bueno tampoco porque está implantando un racismo a la inversa. Ahí la doble moral de muchas autoridades y de miembros del gobierno de este país. Están cometiendo el mismo error que cometían los que condenaban a un negro sin tener más pruebas que la denuncia de un blanco. Así nunca podremos ponernos de acuerdo.

Elsa M. Rodríguez

Hialeah, Fl

Publicado por M. Guaty Marrero para Cjaronu