“La dama dorada”


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EL PAÍS

Una mirada seria, pero algo inquieta. Una cara sonrojada probablemente por todos los ojos que rodean su cuerpo envuelto en un vestido de oro y por todos los ojos que sabría la contemplarían durante siglos. Cuando alguien se pone delante de Retrato de Adele Bloch-Bauer I sabe que está ante una de las obras maestras de la pintura universal, primer cuadro del llamado “estilo dorado” de Gustav Klimt, la cima de su carrera.

Cuando lo hacía Maria Altmann, veía a su tía, Adele Bloch-Bauer, una mecenas de la escena cultural vienesa de principios del siglo XX, a quien Klimt convirtió con este retrato en una visión dorada y una celebridad, y cuyo nombre casi fue borrado de la historia por los nazis, que, queriendo tachar toda huella judía de la obra, la renombraron Woman in Gold (La dama de oro).

Un título bajo el que se encuentran dos historias: la de Adele Bloch-Bauer y Klimt y la de Maria Altmann y su titánica lucha de siete años contra el Gobierno austriaco para recuperar no una obra de arte, sino el retrato de su tía, descolgado por los nazis de las paredes de su casa en Viena y recolocado durante más de seis décadas en las de la Galería Belvedere entre todos los casos de restitución del arte robado por los nazis, el del Retrato de Adele Bloch-Bauer fue uno de los más famosos y dolorosos para Austria.

Fue de los primeros que convirtieron lo que pretendían fuera un inofensivo lavado de imagen en una caja de Pandora abierta en canal por donde salían el dolor, la culpa y la vergüenza del pueblo austriaco por haber permitido y vitoreado la entrada de Hitler en las calles de Viena en 1938.vedere de la capital austriaca.

En 1903, Ferdinand encargó a Klimt un retrato de Adele. El pintor, que acababa de volver de un viaje inspirador por los mosaicos de Rávena, la transformó en esa visión dorada que se considera una “obra trascendental” en su carrera y que tardó en acabar cuatro años, en los que pudo surgir algo más que una relación pintor-modelo. “Ha habido muchas especulaciones sobre su relación íntima”, confirma Staggs. “En parte por el parecido físico de Adele a la Judith que pintó Klimt semidesnuda. Pero no hay pruebas que puedan confirmarlo”, añade la comisaria de la muestra neoyorquina.

Su vocación de mecenas llevó a Adele a pedir a su marido en su testamento que los dos retratos que le había hecho Klimt fueran donados a la Galería Austriaca en Viena. Ese documento fue sobre el que el Gobierno de Austria se apoyó durante años para conservar su particular Mona Lisa dentro del país.

El otro cuadro

 Adele Bloch-Bauer no quedó satisfecha con el retrato que Klimt le había hecho y le pidió un nuevo retrato que este pintaría cinco años después y recién llegado a Viena tras un largo viaje por Europa en el que visitó París, Florencia, RomaBruselas, Londres y Madrid y en él que se interesó por la obra de Lautrec, Van Gogh, Gauguin y Munch, así como por la de los fauvistas encabezados por Matisse.
La influencia de ese viaje es decisiva en el cambio de estilo en la pintura de Klimt que abandona su época dorada y comienza una etapa calificada como “caleidoscópica” debido al colorido que imprimirá a su obra.
MGUATYMARRERO

2 Respuestas a ““La dama dorada”

  1. encantador Klimt, majestuosos cuadros, me gustan sus temas, su colorido y su formato. Puede uno pasar horas y horas admirandolo.

    Gracias por el recuerdo querida amiga.

    Un fuerte abrazo !!

  2. Sé que disfrutas mucho sus cuadros. Es un placer tenerte por el blog. Cariños

Favor de no agregar videos ni artículos completos de sus páginas, gracias

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