Una marea humana invade el Cementerio de Colón el Día de las Madres


la-habanaVicente Morín Aguado | La Habana |

El pasado domingo, día de las madres, tuvo lugar la mayor concentración de cubanos ajena a una convocatoria política.

Evaluaciones preliminares coinciden en calcular en decenas de miles de personas, reunidas sin previa convocatoria política, junto a los restos de sus seres queridos en el Cementerio de Colón.

“Desde que abrimos las puertas a las 6 y 30 de la mañana, no cesó la entrada de público”, dijo un trabajador de la necrópolis habanera: “El número de gente va creciendo de año en año desde un tiempo para acá”, termina el entrevistado.

La policía contribuyó al orden y la seguridad cerrando los accesos viales por las calles Zapata y 12, desde la avenida 23, donde un mar de flores, ofertadas por cientos de comerciantes, daba la bienvenida a los visitantes.

“Esta vez los floristas hicieron la zafra del año”, comentó una mujer al comprar un ramo de a tres pesos convertibles. Había ofertas más caras, aunque predominaron las compras de pequeñas puchas, a veces una sencilla flor, de entre 10 y 25 pesos moneda nacional.

Bajo el portal de la muy popular esquina de 23 y 12, un señor entrado en años ofrecía la naturalidad de sus postales dedicadas a las madres, dibujadas al momento, previa solicitud.

La gastronomía estaba igualmente en la calle, ofreciendo lo mejor de sus limitadas ofertas.

La pregunta más importante es qué razones motivan desde hace algunos años tal marea popular, sin partido político convocante, equivalente en número a cualquiera de las marchas a que las autoridades nos tienen acostumbrados en Cuba:

“Creo que se ha destapado la religiosidad, las personas se sienten menos cohibidas, antes, por ejemplo en mi generación, crecimos sin visitar una iglesia, ir al cementerio, aunque no estuvo nunca formalmente prohibido, parecía algo superfluo, solamente los viejos hacían esto, para la juventud de entonces calificaban las tareas propias de la Unión de Jóvenes Comunistas.”

Así se expresó un hombre de alrededor de 40 años, quien manejaba una de esas motos cuya posesión casi siempre indica pertenencia a una institución del Ministerio del Interior o del ejército.

Pasaron visitantes con los muy solicitados pasteles del día de las madres, al parecer para compartirlos en familia junto a los restos de quien un día animó sus vidas.

Un cortejo fúnebre se abrió paso: “en la capilla católica del cementerio hay mucho trabajo”, confesó el Diácono a cargo de los oficios previos a la inhumación.

Pasado el mediodía no cesaban de entrar y salir personas por el imponente portón del camposanto, que fuera dedicado al descubridor del Nuevo Mundo, cuyo cadáver falsamente se enterró un día de 1796 en la catedral de La Habana.

Más tarde, regresar a casa fue una odisea. La espontaneidad del acto masivo no estuvo acompañada por el esfuerzo adicional necesario de parte de las empresas de transporte público, tal y como sucede cuando la concentración es convocada por el binomio Partido-Estado.

Sin embargo, considerando el natural sobrecogimiento que inspira visitar el cementerio, las personas mostraban felicidad. Veneración y familia se reunieron libres este segundo domingo de mayo en La Habana.

MGuatyMarrero para Cjaronu

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