El alma trémula y sola (La bailarina Española) José Martí


 

Author P.Lameiro

Author foto- P.Lameiro

 

AGUSTINA OTERO IGLESIAS, bailaora gallega, conocida en el mundo del bello arte con el nombre artístico de  LA BELLA OTERO, nació en una familia muy pobre, el día 4 de Noviembre del año de 1868, en un pequeño pueblo llamado Valga de Pontevedra  (Galicia), y murió en Niza, Francia, el día 10 de abril de 1965.

La obra refleja la historia de Carolina Otero, “La bella Otero”, como la llamaban sus contemporáneos. Carolina era muy joven y pobre cuando viajó de España a París.

  Su talento excepcional y belleza hicieron que conquistara fama, y en unos cuantos meses encantó a todo París. En su salón se daban cita pintores, escritores y artistas famosos. Entre los admiradores figuraba Renoir – quien decorara su casa.

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A Carolina, mujer inteligente, parecía no interesarle la riqueza: la bella Otero gustaba de bailar y jugar a los naipes. Pasó incontables noches en Monte Carlo, perdiendo enormes sumas. Toda la naturaleza de la hermosa mujer la quemaba la pasión insaciable por los juegos de naipes.

Carolina bailaba, bailaba y por sus brazos pasaron multitud de hombres que la colmaron de deseos, joyas, dinero y placeres. La amó William Vanderbilt (y lo hizo por siempre); lo hizo Alberto de Mónaco, que la aficionó a la ostentosa vida de los casinos, Leopoldo de Bélgica, Alfonso XIII, el príncipe de Gales y el káiser Guillermo; el mismísimo zar de todas las Rusias Nicolás (el del destino aciago), el feísimo pero dadivoso barón de Ollstreder (ella llegó a decir : ¡no puede llamarse feo a un hombre que hace tan buenos regalos!), Boni de Castellane (el único hombre que la humilló), Aristide Briand, y tantos otros.

En 1913, cuando se encontraba en la cúspide de la fama y su talento florecía en plenitud, Otero abandonó la escena, pero no le resultaba fácil renunciar a su pasión fatal. Pronto sus riquezas quedaron en manos de los acreedores. El gobierno francés le asignó una pequeña pensión, que no le permitía superar las dificultades.

Hoy ya poca gente recuerda el nombre de Carolina Otero. En 1954, la actriz mexicana María Félix decidió realizar una película sobre la famosa bailarina, reservándose el papel central. Fue grande el asombro de la actriz cuando durante la búsqueda de información sobre la vida de la bailarina la encontró viviendo enParís. La otrora hermosa bailarina, entonces incapacitada y abandonada, vivía en un asilo de ancianos.Murió en Niza y allí permanece enterrada.

Carolina Otero increpando a un fotógrafo en los   últimos años de su vida, en Niza

Carolina Otero increpando a un fotógrafo en los
últimos años de su vida, en Niza

Monumento a La Bella otero en Valga. Author Foto- P.Lameiro

Monumento a La Bella otero en Valga. Author Foto- P.Lameiro

Y se hubieran olvidado de ella para siempre de no haberla visto una sola vez en su vida el gran poeta cubano para darle la eternidad con sus hermosos versos. En el tiempo de floreciente esplendor de Carolina Otero fue cuando Martí la vio bailar en el Teatro El Edén Museé en la calle 23 de Nueva York en 1890. En su larga, angustiosa y febril etapa de preparación de la guerra necesaria.

En el poema “La bailarina española”, tenemos un ejemplo vivo, latente, de la forma magistral en que nos describe, José Martí, la acción plástica de la bailarina (danza) mediante la palabra, sentado en su palco del teatro.

El poema completo es una caracterización de la bailarina así como de todo su arte a través de un lenguaje sencillo y la utilización de varios recursos literarios como imágenes literarias plásticas: metáforas, adjetivaciones, símiles o comparaciones y elementos simbólicos como el personaje de la bailarina y el espectador que es el mismo autor del poema (Martí).

José Martí

El alma trémula y sola

El alma trémula y sola
Padece al anochecer:
Hay baile; vamos a ver
La bailarina española.

Han hecho bien en quitar
El banderón de la acera;
Porque si está la bandera,
No sé, yo no puedo entrar.

Ya llega la bailarina:
Soberbia y pálida llega;
¿Cómo dicen que es gallega?
Pues dicen mal: es divina.

Lleva un sombrero torero
Y una capa carmesí:
¡Lo mismo que un alelí
Que se pusiera un sombrero!

Se ve, de paso, la ceja,
Ceja de mora traidora:
Y la mirada, de mora:
Y como nieve la oreja.

Preludian, bajan la luz,
Y sale en bata y mantón,
La virgen de la Asunción
Bailando un baile andaluz.

Alza, retando, la frente;
Crúzase al hombro la manta:
En arco el brazo levanta:
Mueve despacio el pie ardiente.

Repica con los tacones
El tablado zalamera,
Como si la tabla fuera
Tablado de corazones.

Y va el convite creciendo
En las llamas de los ojos,
Y el manto de flecos rojos
Se va en el aire meciendo.

Súbito, de un salto arranca:
Húrtase, se quiebra, gira:
Abre en dos la cachemira,
Ofrece la bata blanca.

El cuerpo cede y ondea;
La boca abierta provoca;
Es una rosa la boca;
Lentamente taconea.

Recoge, de un débil giro,
El manto de flecos rojos:
Se va, cerrando los ojos,
Se va, como en un suspiro…

Baila muy bien la española,
Es blanco y rojo el mantón:
¡Vuelve, fosca, a un rincón
El alma trémula y sola!

2 Respuestas a “El alma trémula y sola (La bailarina Española) José Martí

  1. Luciano Garibaldi

    Mas que maravillosa es la descripción de Marti de la bailarina y sus movimientos, plasmada en verso como solo él sabia hacerlo.
    Algo que solo pueden lograr aquellos que ven con el alma y no con los ojos, su misma alma que luego queda trémula y sola

  2. Bello comentario Luciano

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