Gabriel de la Concepción Valdés – “Plácido”


Gabriel de la Concepción Valdés – “Plácido”

©MGuatyMarrero

En el siglo XIX Plácido fue el poeta de mayor aceptación y divulgación en Cuba, y en la literatura cubana es uno de los poetas de mayor sensibilidad.

Esta imaágen del poeta Gabriel de la Concepción Valdés, PLÁCIDO,  tomada por Pío Dubrocq, podría estar más cercana a su realidad que la fotografía tradicionalmente conocida, según la investigación de la doctora en Ciencias Filológicas Daysi Cué en su libro.

Sus poesías más reconocidas son: Jicotencal, A una Ingrata, La Flor del Café, La Flor de Caña, La Flor de la Piña. La poética de Plácido, su análisis y trascendencia,  tuvo influencia ―incluso en poetas como José Martí o Nicolás Guillén—  La poesía que interpretó fue siempre virgen como una gracia que Dios le había concedido y que, en consecuencia, no se atrevía a retocar.

Nació en La Habana el 18 de marzo de 1809. Su madre, Concepción Vázquez, era una bailarina española de Burgos. Su padre, Diego Ferrer Matoso, era peluquero de nacionalidad cubana y raza negra. Su madre lo abandonó en la Casa Cuna -Real Casa de Beneficencia y Maternidad de la Habana-, con una nota donde decía que el niño se llamaba Gabriel de la Concepción, se le dio el apellido Valdés, apellido que se otorgaba a los niños que se bautizaban en ese orfanato.

Gabriel estuvo poco tiempo en dicho orfanato, su padre lo adoptó legalmente hasta los diez años en que se lo entregó a su madre, la abuela del niño. En la poca relación que tuvo con su madre Concepción, ésta lo trató como un extraño y lo obligó a llamarle “señora”.  Esta parte de su vida la deja plasmada en sus obras:  “Fatalidad”,  “Entre el materno tálamo y la cuna / El férreo juro del honor pusiste…”

Asistió a varios colegios durante su niñez, aunque no fue una educación continua o estable. Estudió y completó su aprendizaje en una escuela de “gente de color”. Pero el muchacho no es negro, tampoco blanco ni parece mulato. El mestizaje produce en él una piel nácar pálido.

Estudia en el taller de Vicente Escobar  donde aprende dibujo y caligrafía. Dos años más tarde, en 1823, comenzó a trabajar como aprendiz de tipógrafo en la imprenta de José Severino Boloñá.

Ya sus dotes de poetas se habían dado a ver, pero fue en la imprenta, donde expuesto a la poesía, surge la inspiración que le acompañaría hasta su muerte. Pero había que comer y tuvo que dejar la imprenta para dedicarse a labrar peinetas de carey, trabajo más lucrativo en aquellos tiempos.

Se traslado a la ciudad de Matanzas en 1826 donde se ocupó en la labor ya conocida de hacer peinetas de carey. El resto de su vida lo desarrolló en temporadas entre Matanzas y La Habana. Al menos en una ocasión trató de establecerse en la provincia de Las Villas, pero tuvo que regresar a Matanzas.

En una de sus temporadas en Matanzas, fue visitado por  José María Heredia, el gran poeta fue a ver a Plácido específicamente y lo trató como poeta y cubano igual a él. Ya desde el comienzo de la década de 1840 las cosas estaban candentes en Cuba, y Gabriel de la Concepción Valdés sufrió cierta persecución, llegando a estar preso al menos en una ocasión.

“Conspiración de la escalera”, destinada a neutralizar a los criollos blancos abolicionistas

Gabriel de la Concepción Valdés fue detenido junto a 10 personas más, el primero de marzo de 1844, acusado de participar en la conspiración llamada «de la Escalera». En la prisión escribió su famosa Plegaria a Dios.

Fue fusilado el 28 de junio de ese mismo año ante más de 20 mil personas que fueron llevadas allí para que contemplaran el horrendo espectáculo de escarmiento, tuvo tiempo de emplazar a sus verdugos y fiscales ante el juicio de Dios y exclamar:”Adiós, patria querida…”

Historia de Cuba – Biografía de Plácido

Imágenes Google

©MGuatyMarrero para Cjaronu Blog

2 Comentarios

  1. Maggie: Me gusto tanto la historia que copie su poesia Plegaria a Dios, aqui va:
    Plegaria A Dios
    Ser de inmensa bondad, Dios poderoso:
    a vos acudo en mi dolor vehemente;
    extended vuestro brazo omnipotente,
    rasgad de la calumnia el velo odioso,
    y arrancad este sello ignominioso
    con que el mundo manchar quiere mi frente.

    Rey de los reyes, Dios de mis abuelos:
    vos sólo sois mi defensor, Dios mío;
    todo lo puede quien al mar sombrío
    olas y peces dio, luz a los cielos,
    fuego al sol, giro al aire, al Norte hielos,
    vida a las plantas, movimiento al río.

    Todo lo podéis vos, todo fenece
    o se reanima a vuestra voz sagrada;
    fuera de vos, Señor, el todo es nada
    que en la insondable eternidad perece;
    y aun esa misma nada os obedece,
    pues de ella fue la humanidad creada.

    Yo no os puedo engañar, Dios de clemencia,
    y pues vuestra eternal sabiduría
    ve al través de mi cuerpo el alma mía,
    cual del aire a la clara transparencia,
    estorbad que, humillada la inocencia,
    bata sus palmas la calumnia impía.

    Estorbadlo, Señor, por la preciosa
    sangre vertida, que la culpa sella
    del pecado de Adán; o por aquella
    madre cándida, dulce y amorosa,
    cuando envuelta en pesar, mustia y llorosa,
    siguió tu muerte como helíaca estrella.

    Mas si cuadra a tu suma omnipotencia
    que yo perezca cual malvado impío,
    y que los hombres mi cadáver frío
    ultrajen con maligna complacencia,
    suene tu voz y acabe mi existencia…
    ¡Cúmplase en mí tu voluntad, Dios mío!

Favor de no agregar videos ni artículos completos de sus páginas, gracias

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