
Fotos cortesía de Tere Guaty Dewitt
Mi Terruño
Por Maggie Guaty
En el mes de diciembre del año 1921 el central Jaronú realizó su primera molienda. Considerado durante la década de los años cincuenta, el Central azucarero más grande de Cuba, y el mayor productor de azúcar del Mundo.
El batey era de mampostería, pintado de blanco con brillantes tejados rojos, sus construcciones estaban unificadas en una misma línea arquitectónica, con motivos clásicos y reminiscencias del estilo de Boullèe y Ledoux, (arquitectos franceses).
Era un hermoso concepto de ciudad jardín, colmada de flores, fuentes, y verde follaje, las aceras estaban sombreadas por altos árboles. Hileras de majestuosas palmeras flanqueaban sus tres parques. Tierra colorada, cañaverales en su periferia, el dulce olor del guarapo, los ruidos de la molienda, todo inmerso en la fresca sombra de la Sierra de Cubitas, este fue el escenario de mi niñez y adolescencia.
El Parque de la Fuente- Llamado así por tener en su centro una enorme fuente llena de peces de colores y lirios flotantes. En las tardes después de la escuela y de merendar, los niños se juntaban en este parque acompañados de algún familiar, colmando el ambiente de risas, juegos, y travesuras. La hora de retirarse llegaba cuando el reloj de la Iglesia que se encontraba muy cerca, en “el parque de la Iglesia” -y que sonaba como el Big Ben-, tocaba seis campanadas.

En esas tardes de juegos me recuerdo “encaramada” en las ramas de los inmensos laureles del parque con mis amiguitas, nos imaginábamos princesas en bellos palacios, o trapecistas de circo, nos divertíamos de lo lindo subiendo cada vez a ramas más altas, hasta que los inquilinos del árbol: una familia de chipojos, (enormes camaleones), asomaban enojados sus horrendas cabezas de dinosaurios enanos, obligándonos a bajar del laurel precipitadamente, al grito de: ¡ya llegaron!
El Club- ¡Aquellos bailes infantiles!, la emoción de estrenar un vestidito e ir a bailar como la gente grande. Más tarde de jovencitas nos engalanábamos desde temprana hora para desfilar por la entrada del Club como pavos reales, disputándonos el lugar de la más bella y mejor bailadora, y disfrutar de las mejores orquestas y conjuntos habaneros que venían a deleitarnos con su música. Los que no sabían bailar se pasaban la noche mirando a los demás, y planeando pedirle al día siguiente a su pariente bailador, que les enseñara algunos pasitos para poder “defenderse” en el siguiente baile.
La Arboleda- Era un espacio prohibido, que junto a la cancha de tenis nos ofrecía voluptuosamente numerosas especies de mangos, como en postal a color de algún famoso puesto de frutas. Nunca supimos la razón por la cual no se permitía la entrada a aquel paraíso, la verja estaba debidamente cerrada con candados y cadenas, desde luego, esas seguridades no impedían que saltáramos la cerca y nos internáramos en ella, para proceder a indigestarnos en una bacanal de mangos filipinos.
El Campo de pelota- En él se batían en lucha “beis bolera” los equipos de Cunagua y Jaronú, Centrales azucareros hermanos por pertenecer al mismo dueño, y rivales por convicción, ¡esos si eran juegos de pelota!
La Playa – Esta se encontraba a escasos quince minutos en “máquina” desde el Central, era donde pasábamos los veranos. Constaba nuestra playa (Jigüey) de una hilera de casitas estilo cabaña frente al mar, el Club era muy original y diferente, estaba situado en un pequeño cayo al cual se llegaba atravesando un larguísimo puente.
Era una temporada de baños de mar de duraciones maratónicas, paseos en veleros a los cayos cercanos. Remábamos, explorábamos el playazo, y los bosquecitos aledaños cuyos árboles estaban repletos de orquídeas silvestres, así como los manglares que era toda una aventura internarse en ellos. O bien nos contentábamos con sentarnos en el amplio portal con la familia, a disfrutar del aroma del mar y la fresca brisa.
Tantos y tantos recuerdos, el hogar con mis padres y hermanos, los vecinos, el bello batey, el colosal Ingenio, añoranzas de un pasado feliz e inolvidable, de un paraíso perdido.
¡Como te extraño Jaronú!
MGuatyMarrero
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Ver también sobre Jaronú en Maité Diaz blog: http://maitediaz.wordpress.com/2009/06/02/el-central-jaronu-un-monumento-de-la-industria-y-el-urbanismo-en-cuba/
http://maitediaz.wordpress.com/2008/12/20/fragmentos/