Cancún, Octubre 2005, año de Wilma

El día después…………
Se encendió la luz, salió el sol después de la larga oscuridad, quedó atrás el viento, las ráfagas, el agua, los infernales ruidos, sobresaltos, temores. ¡Al fin nos deja!, ¿será cierto?, ¿no regresará de nuevo?, hace apenas unas horas nos engañó, haciéndonos creer que se retiraba como niña buena, para arremeter de nuevo con furia dantesca.

Salimos a la calle cautelosamente, pero… ¿en donde estamos?, ¿es esta nuestra ciudad?, ¿nos habrán bombardeado? Salimos del infierno para entrar en zona desconocida, ¡todo es irreal! Nada es como antes que Wilma se abalanzara sobre nosotros hace tres días.
Una fina capa blanca arenosa lo cubre todo, el mar está enfermo, ha cambiado su color esmeralda por oscuros y extraños bronceados. La laguna nos muestra su enojo en crecidas aguas color café después de haberse unido con el mar, y en esta unión arrastrar todo lo que encontraron a su paso.
El verdor de las palmeras, y la vegetación playera han cambiado, nos rodea un paisaje en sepia, lúgubre y sombrío. Árboles arrancados de raíz, ramas, postes, una gran amalgama de elementos que el viento encontró a su paso, y lanzó en todas direcciones. Edificios, hoteles, establecimientos, ¡cuanta destrucción!, restaurantes y marina hundidas en la Laguna. Hogares desvencijados mostrando los estragos de su interior, exhibiendo ruinosamente lo que queda de su contenido, todos envueltos en agua, vidrio, tablas, tabiques, arena………

Calles inundadas, agua por todas partes, silencio………. Los que de otras latitudes nos visitan, en lugar de unas vacaciones han pasado por una pesadilla. Les vemos, les hablamos en su idioma, le brindamos una sonrisa, no hay mucho que podamos ofrecerles.
Hoy comienza una nueva vida, la vida después de Wilma, hemos recibido amor, ayuda, consuelo, de todos aquellos con quienes nos tocó compartir esas terribles horas. Nuestro agradecimiento a la querida amiga que nos abrió las puertas de su hogar, después que tuvimos que salir despavoridos de nuestra casa en la Zona Hotelera. A los nuevos amigos, que al igual que nuestra anfitriona se agruparon como ángeles a nuestro alrededor, nuestra gratitud hacia ellos es inconmensurable.
Gracias a nuestros hijos que formaron un círculo de amor desde la distancia el cual se cerró a nuestro alrededor llenándonos de luz, gracias por su apoyo fiel que nos fortaleció y reconfortó en esos momentos de incertidumbre y tristeza. A mí querida hermana Puchy que fue la última voz que oí al otro lado del teléfono, al igual que la de mi hijo Daniel, antes que la pesadilla empezara. Puchy logró pasar una llamada al celular en medio del huracán, no sabemos aún como, y tranquilizó por unas horas al resto de la familia.

A mi madre, mi hermana Tere, mis dos hermanos que trataban de comunicarse desesperadamente, a los incontables buenos amigos que por correo electrónico como por teléfono, trataban de contactarnos, aunque en esos días no lo lograron. Sin embargo con sus oraciones consiguieron que saliéramos ilesos. A los que más tarde han podido comunicarse y nos han obsequiado su cariño y solidaridad, gracias, muchas gracias.
Y desde luego gracias infinitas a Dios por el regalo de vida que nos ofrece, hoy comenzamos de nuevo, hay mucho que hacer, nuestra casa sufrió muchos daños. Hemos aprendido en unas pocas, pero terribles horas, que frágil es nuestra existencia, y cuanto tenemos que agradecer a nuestro Creador.
Ruego porque el Señor nos muestre el camino a seguir, para no desperdiciar el tiempo extra que nos ha brindado.
MGuatyMarrero
Cancún Octubre 2005
Escrito poco después del huracán.
Wilma comenzó a sentirse en Cancún el 20 de octubre por la noche, y salió tres días más tarde.
Maggie Guaty Marrero