CUBA: WILMAN VILLAR, INFIERNO CUBANO Y SILENCIO VATICANO
Miami (FL), 30 de enero de 2012, 01:42 AM
Enviado por el autor para su publicación en Cjaronu.
El 19 de enero pp., a dos meses del viaje de S.S. Benedicto XVI a la isla-cárcel de Cuba, y 24 horas antes de la llegada de una delegación vaticana de alto nivel para ultimar detalles de la visita papal, a la manera de una macabra carcajada el régimen dejaba morir al joven preso político cubano Wilman Villar Mendoza, padre de las niñas Geormaris y Wilmari, de 7 y 5 años. Una muerte cruel que su esposa, Maritza Pelegrino, no dudó en calificar como un “asesinato”.
Wilman había sido condenado a prisión el 24 de noviembre de 2011 y en un acto de desesperación decidió protestar delante del mundo con lo único que creyó tener a mano contra su injusta condena y, sobre todo, contra la situación de esclavitud en que yace su querido pueblo cubano. Comenzó así una huelga de hambre, que no tenía como objetivo atentar contra su propia vida, sino de usarla, colocándola en serio riesgo, como el único medio de protesta que consiguió vislumbrar en su extremo abandono y aflicción en el fondo de las mazmorras castristas. A toda costa, con promesas mentirosas de liberación, intentaron hacer que renegase de sus ideas en favor de una Cuba libre, digna y próspera.
Lo aislaron desnudo en una húmeda y fría celda de castigo, donde contrajo neumonía. Le negaron la debida atención médica y le cortaron contra su voluntad la ingestión de agua, como ya habían hecho en 1972 con el también preso político y dirigente estudiantil Pedro Luis Boitel, por órdenes del propio Fidel Castro, así como recientemente hicieron en 2010 con Orlando Zapata Tamayo. Percibiendo los verdugos que no podían quebrar la resistencia de Wilman, el régimen castrista no solamente lo dejó morir sino que aceleró su muerte con la falta de atención médica adecuada, como lo hizo con Boitel y Orlando; y como el año pasado dejó morir en un hospital a Laura Pollán, fundadora de las Damas de Blanco.
En Cuba, las Damas de Blanco, a las cuales pertenece la viuda de Wilman, y figuras opositoras de la estatura de Martha Beatriz Roque Cabello, fueron las primeras en denunciar al mundo la arbitraria prisión de Wilman, el 24 de noviembre.
Fueron también ellas las primeras en condenar la actitud criminal del régimen comunista, consumada el 19 de enero. En esto, se vieron secundadas por los gobiernos de España, Estados Unidos y Chile; y respaldadas por una emocionante solidaridad de cubanos de la isla, de desterrados y de amantes de la dignidad humana, de la libertad y del derecho en el mundo entero.
En sentido contrario, los silencios más clamorosos, que me conste, han sido los de la Secretaría de Estado de la Santa Sede; del Cardenal de La Habana, Jaime Lucas Ortega y Alamino; y de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba.
El desesperado caso del joven Wilman era de público conocimiento desde hacía casi dos meses. Dos meses es mucho tiempo para aquellos Pastores que debían hablar; interceder por su libertad; darle asistencia espiritual en la cárcel, inclusive para advertir con caridad que la Iglesia se opone a las huelgas de hambre, así como presentar los motivos para esa oposición; exigir una asistencia médica adecuada; y dejar claro a los carceleros que ya no podían actuar impunemente. Pero hasta hoy, que me conste, permanecieron en un inexplicable silencio.
¿Será que no conocen o son indiferentes al oprobio e injusticia de que son víctimas los presos políticos en Cuba? ¿Será que no saben o son indiferentes a la violación institucionalizada de todos y de cada uno de los Mandamientos de la Ley de Dios? ¿No oyen estos gritos de desesperación y de angustia que brotan de las cárceles cubana? ¿Nada les dice ese drama inimaginable, y no les sugiere otra actitud fuera de este pesado silencio?
A través de conocidos motores de búsqueda de Internet, intenté localizar, de parte de alguna autoridad eclesiástica vaticana o cubana, siquiera una declaración de consuelo cristiano para la familia del preso político; o la narración de eventuales tratativas ante los carceleros; o una oración pidiendo misericordia divina para Wilman y aliento para el esclavizado pueblo cubano. Pero nada de eso encontré hasta este momento. También infructuosamente, intenté hallar al menos una referencia noticiosa a la muerte Wilman en el Osservatore Romano, en la Radio Vaticano, en las dos mayores agencias católicas, Zenit y ACI, en el sitio web de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, y en los sitios web Espacio Laical y Palabra Nueva, de la Arquidiócesis de La Habana. Cuánto desearía ser desmentido por los hechos.
Ese silencio de Pastores llamados a dar la vida por sus ovejas, produce tanto o más sufrimiento que el propio asesinato de un joven miembro del rebaño.
Silencio más pesado por el hecho de que ha sido clamorosa la insistencia pública de S.S. Benedicto XVI y de la Santa Sede alegando la defensa de los derechos de la persona humana.
Silencio enigmático y desconcertante de la diplomacia vaticana una de cuyas raíces históricas parece estar, según destacados analistas, en el propio silencio del Concilio Vaticano II con relación al comunismo, lo cual hizo que los Lobos se sintieran en total libertad para diezmar al Rebaño en Cuba, en los países del Este europeo, en Rusia, China, Vietnam, etc.
El régimen castrista, al parecer tan seguro de su impunidad, ni siquiera se tomó el trabajo de fusilar a Wilman, a Boitel y a Orlando. Los dejó morir de una manera como no se deja morir siquiera a alimañas salvajes.
El desamparo en que han quedado su joven viuda y sus dos niñas enfermas, una de ellas epiléptica y la otra con serios problemas respiratorios, es un reflejo dilacerante del actual drama del pueblo cubano. Según versión recibida de Cuba por mi compañero de presidio y hoy brillante periodista, Carlos Alberto Montaner, las dos niñas no entienden lo que ha pasado con su querido papi. Como la familia tiene influencia cristiana, la madre les ha explicado que el papi se ha ido al Cielo. “¿Y dónde está el Cielo, mami?”, preguntaron. “Muy lejos de Cuba. Muy lejos”, les respondió la joven viuda.
Es a los artífices, propulsores y mantenedores del Infierno cubano, tan, pero tan lejos del Cielo, a quienes favorece en primer lugar el silencio vaticano.
Sobre el viaje papal a la isla-cárcel, el 1o. de enero de 2011 di a conocer el artículo “El viaje de Benedicto XVI a Cuba: esperanzas y preocupaciones”, publicado por el Diario Las Américas, de Miami el 3 de enero de 2011, y difundido por centenas de blogs, sitios web y redes sociales de cubanos desterrados y defensores de la libertad en el mundo entero.
Armando Valladares, escritor, pintor y poeta. Pasó 22 años en las cárceles políticas de Cuba. Es autor del best-seller “Contra toda esperanza”, donde narra el horror de las prisiones castristas. Fue embajador de los Estados Unidos ante la Comisión de Derechos Humanos de la ONU bajo las administraciones Reagan y Bush. Recibió la Medalla Presidencial del Ciudadano y el Superior Award del Departamento de Estado. Ha escrito numerosos artículos sobre la colaboración eclesiástica con el comunismo cubano y sobre la “ostpolitik” vaticana hacia Cuba.
Publicado por Maggie para Cjaronu

No comprendo la actitud de la Iglesia…. pero quisiera poder comprender
Yo también quisiera poder comprender Yoli. Qué diferencia con la Iglesia Polaca que se unió con los disidentes y ayudó a que cayera el comunismo.
Y claro con Juan Pablo II a la cabeza.
No es de extrañar. Este tipo de actitud no es nada nuevo de parte de la Iglesia. Recordemos no solo el silencio de esta misma Iglesia en respecto al Holocausto, sino también la complicidad y apoyo de Pio XII a Hitler.
Durante el Holocaustro la Iglesia ayudó muchísimo a los judios, conservando su Estado intacto, de otra forma hubieran desaparecido, lo qué en ese momento hubiese sido otro Holocausto. No puedo juzgar algo que en estos momentos se encuentra fuera de contexto ya que no vivimos esa época.Pio XII no apoyó ni fue complice de Hitler, eso es un propaganda en contra de la Iglesia que se ha esparcido durante años. La Iglesia ha tenido fallas pero ha mantenido la fe de muchos durante siglos. El asunto Cuba nos duele, pero hay que manejar también que se está introduciendo la palabra de Dios y su doctrina de nuevo en la isla y en los corazones de muchos Cubanos. ¿Cuál es el mejor camino? sólo Dios lo sabe.
I’m in total agreement with Maggie’s comment, furthermore documents reveal Pope Pius XII saved 11,000 Roman Jews and worked diligently behind the scenes to stop the arrests in 1943.
From Zenit.org
DOCUMENTS REVEAL PIUS XII SAVED 11,000 ROMAN JEWS
Pave the Way Foundation Announces Findings
By Jesús Colina
ROME, JULY 22, 2011 (Zenit.org).- The direct action of Pope Pius XII saved the lives of more than 11,000 Jews in Rome during the Second World War, according to documentation recently discovered by historians.
Pave the Way Foundation representative for Germany, historian and investigative researcher Michael Hesemann, discovered a number of very important original documents in his research of the open archives of Santa Maria dell Anima Church, which is the National Church of Germany in Rome.
The U.S.-based foundation, founded by Jew Gary Krupp, announced the findings in a statement sent to ZENIT.
“Many have criticized Pius XII for remaining silent during the arrest and when trains left Rome containing 1,007 Jews who were sent to the death camp Auschwitz,” Krupp stated. “The critics also do not acknowledge Pius XII’s direct intervention to end the arrests of Oct. 16, 1943.”
“New discoveries prove that Pius XII acted directly behind the scenes to end the arrests at 2:00 p.m., on the very day they began, but who was powerless to stop the ill-fated train,” he added.
According to a recent study by researcher Deacon Dominiek Oversteyns, there were 12,428 Jews in Rome on Oct. 16, 1943.
Read more: http://www.zenit.org/rssenglish-33132?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed%3A+zenit%2Fenglish+%28ZENIT+English%29
No cabe pensar que Pio II estuviera de acuerdo con el Holocausto a pesar de sus sentimientos
antisemitas comunes en la iglesia de aquellos años, y que a su vez eran inculcados en los seminarios. Como dijo Martí, “ver en silencio un crimen es cometerlo.” ¿Si la Iglesia hubiera hecho uso de su enorme influencia mundial para denunciar y condenar el enorme genocidio, no solo de judíos, pero también de gitanos, de pueblos ocupados y otras diferentes etnias consideradas inferiores, pudiera haber hecho alguna diferencia? Nunca lo sabremos.
El silencio otorga, dice el refrán, y aunque es cierto que la Iglesia ayudó y salvo a muchos judíos, especialmente en Italia, tampoco es menos cierto que la actitud de Eugenio Pacelli, mas tarde Pio XII, y el cual conocía muy de cerca a los nazis ya que había sido Nuncio Papal en Alemania, le hubiera sido mucho más difícil a los Nacional Socialistas consolidarse en el poder, actitud conciliadora y acomodaticia a fin de lograr la aprobación y firma del Concordato entre Alemania y el Vaticano. A la firma del Concordato, Pio XII y su incondicional asistente, el también sacerdote Ludwig Kass, se selló la suerte y el futuro del catolicismo en Alemania, al incluirse la disolución del Partido de Centro Alemán, a pesar de las inútiles protestas al Vaticano de la mayoría de los obispos alemanes. Este partido netamente católico y que Hitler respetaba por su gran influencia en el país y en la opinión pública, era en aquellos decisivos momentos el mayor y posiblemente único obstáculo y piedra en el camino de los nazis para consolidarse completa y absolutamente en el poder.
Al concluir la guerra, organizaciones como la Odessa y la Ratline, facilitaron la fuga hacia Sur América de numerosos criminales de guerra a través de la Iglesia. Juan Pablo II, en Marzo de 1998, pidió excusas en nombre de la Iglesia al pueblo judío y al Estado de Israel.
Entre los libros que tratan de este periodo histórico hay uno titulado, Hitler’s Pope. The Secret History of Pius XII, por John Cornwell, muy interesante y detallado; se los recomiendo.
Juan Pablo al pedir perdón no se refiere al holocausto ni que la iglesia hubiera sido participativa de tal odioso crimen. Sigo creyendo que la Iglesia hizo lo que pudo en esos momentos. Pide perdón el Papa por las enseñanzas de la Iglesia qué existieron durantre muchos años acerca de qué el pueblo judío había sido el culpable de la muerte de Cristo, y qué muchos Cristianos han sido culpables de maltrato hacia estos. Luciano respeto tu opinión aunque no estemos de acuerdo.
l Papa pide perdón
De The Jerusalem Post, 13 de marzo, 2000:
En uno de los más significativos actos de su Papado, el Papa Juan Pablo II pidió perdón ayer por los muchos pecados cometidos por la Iglesia Católica, incluyendo su trato a los judíos, los herejes, las mujeres y los pueblos nativos. Fue la primera vez en la historia de la Iglesia que uno de sus líderes ha solicitado un perdón tan amplio…
“Perdonamos y pedimos perdón”, dijo el Papa en su homilía durante la ceremonia sin precedentes realizada en el “Día del Perdón” de la Iglesia Católica para el Año Santo 2000…
La oración de perdón por los pecados contra los judíos, leída por el Cardenal Edward Cassidy, decía en parte: “Oremos para que, al recordar los sufrimientos por los que ha pasado el pueblo de Israel a lo largo de la historia, los cristianos reconozcan los pecados cometidos por no pocos de ellos contra el pueblo del Pacto…”
El Papa agregó entonces en sus propias palabras: “Estamos profundamente afligidos por el comportamiento de aquellos que en el curso de la historia han hecho sufrir a estos hijos Tuyos y, pidiendo Tu perdón, queremos comprometernos a una genuina hermandad con el pueblo del Pacto”.
Indeed the Concordat agreement of 1933 was and still is a very controversial document. whereas Hitler felt he won the church’s approval and thus gaining the approval of the international community, some German Catholics felt that church officials had giving into National Socialist, and even today, some in the journalistic field continue to believe that Pope Pius XI’s and Cardinal Pacelli’s (Pope Pius XII) showed their preference for dictatorships over democracies.
The Pope and his secretary of state adamantly continued to state that the agreement was made in order to protect the church. Cardinal Pacelli statement in August 1933 to Ivone Kirkpatrick, the British minister to the Vatican:
“The spiritual welfare of 20 million Catholic souls in Germany was at stake, and that was the first and, indeed, only consideration” in agreeing to the concordat. The Holy See “had to choose between an agreement on [Nazi] lines and the virtual elimination of the Catholic Church in the Reich.”
Pius XI and Cardinal Pacelli judged that their first duty was to secure civil guarantees for the autonomy of ecclesiastical institutions and their activities.
I ask now… What would we have done?
Mi opinión, que trata de no verse influenciada porque profese la fe de la Iglesia católica, es que la actuación del Papa Pío XII ha sido criticada muy a la ligera respecto al exterminio,- principalmente de judíos-, realizado por Hitler.
¿Qué debió haber hecho Pío XII para que muchos no le acusen de colaboración con Hittler? ¿Declararle la guerra? El Estado Vaticano, como “poder temporal de la Iglesia”, ¿con qué contaría para ello? ¿Cuánto tiempo pasaría sin que los soldados alemanes invadieran, ocuparan y vaciaran basílicas y museos, y encerraran papa, cardenales y curas en el Castel Saint’Angelo? ¿Con qué ejército se contaría para su defensa? ¿Con la guardia suiza? Si ésta resultó eficaz en tiempos pasados, en el siglo XX poco podría hacer contra el ejército alemán que fue capaz de engullirse a Austria, Hungría, Francia, Holanda, Bélgica, toda la Europa Central y llegó hasta las heladas estepas soviéticas y los áridos desiertos de África. A Inglaterra Hitler decidió destruirla por el aire. Una vez dominados Vaticano y Papa, ninguna ayuda hubiera sido posible.
Habrá quien diga que declarar la guerra sería improcedente para quien predica la paz y que le hubiera bastado con una actitud más abierta en defensa de los miles de seres humanos que fueron sacrificados en decenas de crematorios y campos de exterminio repartidos por todo el territorio ocupado por los alemanes. Si Pio XII se hubiera enfrentado abiertamente, el resultado hubiera sido el mismo: ocupación del Vaticano y persecución, también abierta, de sacerdotes y religiosos en la propia Alemania y en toda la Europa bajo la bota nazi. Hitler y sus generales hubieran desatado una campaña de descrédito y exterminio contra los católicos, con la misma facilidad con que la hicieron contra judíos o gitanos. ¿Qué ayuda se hubiera podido prestar?
Pío XII no actuó de ninguno de esos dos modos. En cambio, callada, silenciosamente, salvó del exterminio a miles de judíos. Hay una docena de volúmenes en los archivos vaticanos que han sido escrutados por investigadores nada parcializados y, además, testimonios personales debidamente documentados de quienes lograron escapar gracias a gestiones secretas alentadas desde el Vaticano. Archivos que, malintencionadamente, se llegó a decir que eran secretos y su escrutinio ocultado por el propio Vaticano, lo cual fue falso.
Fueron voces judías, precisamente de grandes rabinos como el de Jerusalén y el de Roma las que se alzaron al fin de la guerra para salir al paso a quienes denostaban a Pío XII. Isaac Herzog, gran rabino de Jerusalén, le envió una bendición especial «por sus esfuerzos para salvar vidas judías durante la ocupación nazi de Italia». Y el rabino de Roma, Israel Zolli, al convertirse al cristianismo, no encontró otro nombre mejor que el de Eugenio para llamarse igual que Pío XII (Eugenio Pacelli).
PÍo XII llevó a obra, como mejor le fue posible, lo que sus palabras predicaron aún antes de subir al Pontificado, cuando ayudó a preparar una encíclica de su antecesor Pío XI en la se condenaba al nazismo y lo calificaba como demoniaco, y que fue introducida clandestinamente en Alemania.
Un historiador judío, Joseph Lichten, dejó testimonio sobre la oferta hecha por Pío XII de vender tesoros del Vaticano para usarlos como rescate de judíos en Alemania, y de los miles de judíos que hallaron refugio en el propio Vaticano y en Castelgandolfo.
Pienso a veces si no estamos presentes ante una nueva “leyenda negra” contra la Iglesia, sostenida sobre apreciaciones sin mucho mérito y levantada, al igual que la leyenda negra de la inquisición española, sobre juicios parcializados que muy ladinamente escondieron detalles sobre iguales crímenes cometidos por otras sectas cristianas enmarcadas en el protestantismo.
No en balde uno de aquellos nazis infames, Goebbels, dejó dicho que una mentira, repetida mil veces, se convierte en verdad. ¿Qué vamos a esperar que se diga de Pío XII, si incluso hay muchos que hoy sostienen que el Holocausto nunca existió a pesar de las miles de pruebas con que cuenta la Historia para demostrarlo?
El comentario de Lola es simplemente magnifico y muy bien enfocado. Podemos seguir especulando por siempre lo que se hizo que no se debía haber hecho, y lo que no se hizo y se debía haber hecho, y también es cierto que antes de emitir juicio hay que tener en consideración, como dice Maggie, la perspectiva histórica al igual que la intención con que se llevan a cabo las acciones.
Hay un punto en que discrepo de usted Lola, y es en lo que usted se refiere como la leyenda negra de la Inquisición, y aunque sí un periodo verdaderamente negro en la historia de la humanidad de aquellos entonces, no fue leyenda, sino un hecho cierto y una mancha para la Iglesia. Quizás el celo religioso o el amor por una institución nos haga minimizar y hasta llegar a justificar lo injustificable, pero lo que sí es cierto es que la historia de la Sagrada Inquisición no fue un invento ni una leyenda inventada por los enemigos y detractores de la Iglesia. Es un hecho histórico e irrefutable, bien documentado, que el solo hecho de pensar de una manera distinta o discrepar filosóficamente del dogma eclesiástico, resultaba en el encarcelamiento y tortura de aquellos que tenían la buena fortuna de que no los quemaran vivos en el nombre de Dios.
También es cierto que otras sectas han cometido crímenes horrendos, aunque no todas las organizaciones religiosas son necesariamente sectas, tratando de convertir al cristianismo o imponer dogmas por medio del terror.
Lo triste es que estos crímenes se cometen abusando el nombre de Dios. Un dios que verdaderamente no conocen.
Garibaldi, una aclaración. Textualmente me referí a “a la leyenda negra de la inquisición española”. Esa, la española, es la que siempre se hace sobresalir cuando se mencionan los crímenes de religión, pero no todos fueron cometidos por España. Esos crímenes ya eran comunes en Europa para combatir herejías, varios siglos antes que surgiera la inquisición española por mandato de los Reyes Católicos. Del modo como se reglamentaron aquellos crímenes aún antes del Medioevo, fueron copiados los cánones y procedimientos de los “actos de fe” del siglo XV y posteriores.
Es verdad que desde su inicio y hasta que definitivamente fuera eliminada, la Iglesia católica fue la que sentó el ordenamiento de procesos, absoluciones y sentencias que estuvieron en manos de los tribunales del Santo Oficio, aunque la ejecución de las sentencias fueran transferidas al “brazo secular” de cada localidad. No fue únicamente España el escenario de esos crímenes. La inquisición también quemó herejes en otros países como Francia (Juana de Arco, por citar sólo un ejemplo bastante turbio9), Italia, Portugal, Holanda…
Tampoco, fue la Iglesia católica la única en hacerlo. Contemporáneamente, en la Inglaterra “anglicana” se llamó “traidores” a los herejes, es decir, a quienes se resistían a adoptar la religión impuesta por el rey Enrique VIII y después por su hija Isabel; se les perseguía y se decapitaba a muchos. Bajo la prédica de Calvino en Suiza también se llevó a muchos al cadalso, la más famosa de las víctimas fue Miguel Servet. La “caza de brujas” llegó inclusive hasta este lado del Atlántico.
Todo ello es un triste recuento de la intransigencia que durante siglos mostraron los humanos a la hora de no tolerar otra religión que no fuese la impuesta, e incluso el agnosticismo. Dios, ese Dios único que todos invocamos, como bien usted dice no puede estar de acuerdo con tal actitud. Un fanatismo religioso que, lamentablemente, parece resurgir en nuestros días.
Estoy en completo acuerdo con usted. Es penoso que tantos crímenes y persecuciones se han cometido en el nombre de Dios, al igual que las guerras religiosas que han sido terribles.